PERÚ... No fue el “plomo” el que los salvó


PERÚ
Un país que cambió su trágica historia desde los fogones e inspiró al mundo

Por TULIO ZULOAGA

Había soñado con ir al Perú muchas veces ¿Por qué? Para cualquiera que trabaje alrededor de los fogones, bien sea cocinando o creando a través de su pluma, como es el caso mío, es destino obligado ¿Porque su comida está de moda? No. Más allá de eso se trata de un proceso de reflexión, de entender a sus nacionales y cómo lograron, unificando ideales, sacar adelante a un país desesperanzado y sumido en la violencia ¿Qué es lo realmente sorprendente de esta historia? Que la mayor transformación sucedió desde las cocinas. Los peruanos le demostraron al mundo que SI se PUEDE, y cocinaron en sus fogones, una verdadera Revolución pacífica sustentada en aquello que cuecen, asan y amasan. Con esta heroica estrategia, nos regalaron suficiente inspiración: “La cocina es un acto de común-unión y a través de ella se logran profundos y duraderos cambios”. No fue el “plomo” el que los salvó, fue aquél verdadero “cacerolazo” pleno de aromas, texturas y sabores típicos de su terruño. Los peruanos miraron hacia dentro y descubrieron que la respuesta estaba en el respeto y rescate de su tradición culinaria; en el aprovechamiento de ese estilo de cocina único y sabroso en el que nadie les podría superar. Y alcanzaron la gloria.

¿Qué nos hace falta a nosotros los colombianos para darnos cuenta de lo mismo? ¿Cuándo vamos a interesarnos por nuestros sabores, técnicas y preparaciones? ¿Cuándo vamos a aceptar que es más importante y tiene mayor significado para nosotros el “agua e panela” que el tan endiosado vino del que tanto queremos aprender hoy? No estoy hablando de mejor ni peor, estoy hablando de importancia histórica propia. Primero lo primero, a eso me refiero.

Pues bien, eso me sorprendió y mucho. En todos los restaurantes, desde el más humilde hasta el más costoso y elegante, lo primero que te ofrecen para tomar es su “Chicha Morada” y después su “Pisco Sour” y, mejor aún, todos los comensales las piden. Sería el equivalente a que te ofrecieran en los restaurantes más lujosos de Colombia, una buena “Agua e panela” ¿Será posible eso? ¿Llegará ese día? Pero el problema no es de los restaurantes, el problema es de nosotros. Si la pedimos, ellos con seguridad la servirán. Solo nosotros podemos cambiar esta historia.

Gastronomía en fotos: 
1. La chicha Morada es una bebida tradicional peruana, prehispánica, preparada por los antiguos Incas, resultado de hervir maíz morado con cáscara de piña y trozos de membrillo. Luego se le adiciona canela y clavo de olor; se cuela, se enfría y se agrega azúcar y un toque de limón. Es deliciosa y se parece mucho a la Agua e Panela.

2. El Pisco Sour es un coctel preparado con Pisco (un aguardiente de uva), con limón, jarabe de goma, clara de huevo, hielo y una gota de amargo de Angostura.

3. Las canchitas son granos de maíz tostado, infaltables en las mesas y en el seviche peruano.

4. Tamales y cocinera tradicional a la entrada de la plaza de Surquillo.

Un Parras Viejas en el Barco más grande del Mundo


"Tras cada sorbo sentí como si Dios tocara mi cabeza con su dedo"
Por Tulio Zuloaga

Cuando se trata de experiencias personales alrededor del vino, las líneas que hacen la diferencia entre lo real y lo divino son bastante difusas y subjetivas. Esta es la base y el fundamento del universo de los sentidos: Importa el ser humano y su espíritu al encuentro con la copa.

Serían algo más de las 2 de la tarde del 10 de Marzo del 2012 cuando mi esposa telefoneó, para confirmar que había logrado conseguir, después de algún tiempo de espera, cupos para viajar en el Allure of the Seas, el barco más grande del mundo. Además de la felicidad inicial, del evento, de la alegría al saber que pasaríamos algunos días surcando los mares del Caribe al lado de nuestros hijos, llegó a mi corazón, casi que como un llamado, el tema que inspiró este artículo: La posibilidad de comprobar si el vino que estaba tomando justo en ese momento, un Parras Viejas de Santa Helena cosecha 2008, sabría igual en aquel mítico barco que en el ambiente de mi oficina. ¿Por qué llegó a mi mente este planteamiento? Llevo años escuchando a los especialistas decir que el vino adquiere o pierde importancia según el momento, la compañía, el lugar y la situación en que se beba: "De eso depende el 98%, de la experiencia". ¿Será cierto? ¿Un vino puede mejorar o empeorar según la condición, la ubicación y el estado de ánimo?

Así que, sin importar lo idílico de esta postura, me lancé a la aventura de disfrutar la misma botella en dos lugares diametralmente distintos y comprobar el sentimiento tras cada copa. Cerré los ojos y di un largo sorbo de este majestuoso caldo, dejando que su untuosidad y sabor especiado abrazaran mi lengua. Anoté apresuradamente: Este vino me encanta. Aun aquí, hundido entre los papeles de mi oficina, resulta perfecto. Es equilibrado, sabroso. Deja una impresión profunda y duradera en mi paladar. Alivia las cargas de un ajetreado día de trabajo.

Al regresar a casa, tomé la última botella de Parras Viejas, y la envolví cuidadosamente entre camisas y pantalones. La llevé a la maleta que me acompañaría en esta travesía. Próxima parada: Mi corazón, en la proa del Allure, contemplando quizás, el inquietante azul del océano Atlántico o algún atardecer frente a las playas de Saint Maarten, Nassau o St. Thomas, con la copa entre mis dedos, y dando conscientes sorbos de Parras Viejas, para lograr exprimir lo mejor de él, y corroborar o desmentir, si en ese momento y lugar alcanzaría a ser aún más grandioso.  Y así fue. 

La respuesta me llegó mientras observaba, desde el piso 14 del barco, cómo la proa cortaba la Atlántica tela marina. En ese mágico momento, con el Parras Viejas en mis labios, saqué nuevamente la libreta y anoté las mismas palabras que la vez anterior; pero con una aclaración: "Tras cada sorbo, sentí como si Dios tocara mi cabeza con su dedo".

Concluyo: "Es cierto. Aunque el vino importa, termina siendo más relevante el sentimiento que antecede y precede cada sorbo; el lugar, la situación. Importa el ser humano y su espíritu al encuentro con la copa". También debo reconocer que para un mal vino no hay arreglo posible, la situación es lo determinante, está claro; pero para ello también el vino debe cumplir con su parte.

NOTA Final...
En el vino todo se define en el corazón: El principio y el fin están descritos en el sabor, en el aroma, en la textura; y lo que no es, se diluye tras el corcho. Lo que ocurre después de cada sorbo es una experiencia individual y puramente espiritual.

El cuento del Aceite de Oliva y la fuente de la eterna juventud


Salud, pura salud, sabrosa salud.
Por Tulio Zuloaga

El “oro liquido”, así se refería el poeta griego Homero al aceite de Oliva. Sus orígenes se remontan a la antigua Mesopotamia. Fue utilizado por los fenicios, egipcios y griegos como alimento, medicina, afrodisiaco, cosmético y elemento sacro con el que se ungía a reyes y divinidades.
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Al sentarme a la mesa me gusta reflexionar sobre cada uno de los alimentos que reposan allí, listos a dar su vida por mí. Son los pequeños héroes de mi diaria alimentación. A eso se refiere la consciencia del buen comer: Si conoces aquello que te alimenta, te comprenderás más y serás más feliz. Mientras pienso en esto, una redonda aceituna juega entre mis dientes. Al provocar la explosión de su piel dejo que sus jugos se derramen y me lleven a evocar la historia de la creación de Atenas. Entonces, la simple aceituna, toma para mí unas dimensiones inimaginadas. 

En la Mitología Griega, el olivo ocupó un papel fundamental. Atenea y Poseidón debatían sobre cuál de los dos daría nombre a la capital de Grecia. Se acordó conceder el honor a quien ofreciera el mejor regalo. Poseidón clavó su tridente en la Acrópolis y surgió el agua del mar. Atenea golpeó el suelo con su lanza  y dio origen al olivo. Los dioses decidieron que este último había sido mejor obsequio y Atenea ganó la contienda. La aceituna se convirtió entonces en alimento de dioses y mortales. ¿Qué la hizo tan especial frente a las divinidades? Quizás los muchos beneficios que esta les ofrecía. La aceituna, cruda o procesada como aceite, posee una serie de virtudes, que la convierten en una fruta casi mágica. Eso me lo recordó  Guillermo Jimenez, del olivar que lleva su mismo nombre, y quien hace unos años vino desde España para fortalecer la cultura del olivo en estas tierras y presentar el orgullo de su familia: Un aceite de oliva de altísima calidad que se produce para Supermercados EL EURO en 2 presentaciones: Uno especial para Freír y un Extra Virgen, ambos de precio chiquitico. 

Guillermo Jimenez y sus aceites…
Salud, pura salud, sabrosa salud. El gran símbolo de la mítica dieta mediterránea. 

MUCHOS SON LOS BENEFICIOS del aceite de oliva: Previene ciertos tipos de cáncer, regula los niveles de colesterol en la sangre y aporta ácidos esenciales. Algunos investigadores le llaman "El elixir de la eterna juventud", ya que desacelera el proceso de envejecimiento, beneficia al hígado, protege el estómago, regula los movimientos del intestino, tonifica la piel y ayuda a mantener el apetito sexual.  Recientemente la ciencia ha probado que una dieta rica en aceite de oliva estimula el sistema circulatorio, favorece el desarrollo cerebral y el crecimiento óseo.  Mejora la esperanza y la calidad de vida (La moderación es el secreto. Los especialistas recomiendan no consumir más de 4 cucharadas por día).

VINO, El falso sabor de la Sofisticación


¿Se puede ser humano y tomar vino?

Los enamorados del vino deberíamos ser un poco más normales, si es que pretendemos popularizar la cultura del vino en nuestro país...

Lo mejor de esto, es que son los mismos especialistas quienes a diario, en entrevistas, artículos y a viva voz promulgan que es necesario bajar el vino al nivel del público: “que hay que desmitificarlo, volverlo algo sencillo, de simple gusto”; pero se olvidan de sus palabras al estar frente a una copa y lo pintan, como algo de otro nivel.

Muchos amigos, lectores de Gente del Vino, suelen expresarme en sus correos y mensajes, que les causa un poco de susto la actitud que toman ciertos "especialistas del vino" al dictar una cata:  ¿Es que acaso no se dan cuenta que si siguen por ese camino, va a resultar más fácil no seguir tomando vino? Y los entiendo. Imaginemos el cuadro que les toca presenciar toda vez que son invitados a las popularizadas catas de vino: Un tipo, llámese Sommelier, enólogo, enófilo o "chicanero", que luce muy estirado, sosteniendo una copa por la base, casi-casi como si se le fuera a soltar, con tal delicadeza que cualquier mujer estaría celosa de tan delicada caricia. Mientras lo observamos, vemos como gira el líquido dentro de la copa, con semejante destreza, con tal entrega, que pareciera que el mundo se moviera en cámara lenta. Luego acerca el cristal de la copa a la nariz, y la hunde en ella, como si se tratara del ombligo de la mujer amada. Luego de algunos  segundos, de ojos cerrados, y de aspirar los aromas primarios, secundarios y terciarios, le sobreviene una desbordada emoción, que expresada en palabras, suena más o menos así: "Este es un vino redondo, de gran complejidad; cuyo aroma a regaliz nos expresa a la perfección el carácter del terroir. Dulces taninos, añejamiento en barrica de roble francés y...” ¿Que? ¿Que qué dijo?

Los presentes tragamos saliva y nos sentimos realmente estúpidos de no poder encontrar todo ese regaliz, casis u orín de gato. Ñoños tratando de buscar los bichitos esos, los taninos, que supuestamente reposan dentro del chorrito que tenemos en la copa. Pero por temor a quedar mal, asentimos como si lo que dijera el expositor, fuera palabra de Dios; aunque muy en el fondo,  no hallamos la hora de salir corriendo, con la certeza de haber aprendido algo muy importante: “A decir NO, cuando me vuelvan a invitar a una cata de vinos”. Bueno, sobre este punto debo reconocer que también existen catas dictadas por seres un poco menos elevados, quienes demuestran que se puede ser humano y tomar vino.

Para tranquilidad de todos: Estuve hace poco recorriendo las tierras del vino. En España tomé vino con Juan Muga, dueño de Bodegas MUGA, y nunca lo vi oler, girar o estirarse de la manera que lo hacemos aquí. El hombre probaba y sonreía con la seguridad de que su vino estaba rico, y nada más. Tampoco escuché a Javier Moro, de la casa EMILIO MORO, hablar del regaliz en sus vinos, o de la acidez típica de sus frutos. Para él lo importante era divertirse, compartir; no escuché que dijera o hiciera nada diferente a levantar la copa y agradecido cantar: “Salud”. 

En Francia, Pierre-Jean Sauvion, uno de los enólogos más importantes, a quien le dije, “tus vinos tienen cierto aroma a almendras”, se rió y me dijo: “Eso no importa; si para ti tiene almendras, para mi chocolate o cualquier cosa que se me pase por la cabeza. Esa es la peor forma de acercarse al vino, déjale eso a los profesionales; tu nada tienes que encontrar. Solo quiero saber: Te gustó? –Me encantó, le respondí- Entonces ya sabes lo que hay que saber de vinos. El gusto es la verdad y PUNTO”. Palabras del representante de una familia de grandes enólogos, de estos que viven en castillos y respiran vino. ¿Qué me quedó? Hay que dejarse de tanta bobada y disfrutar el vino, por el simple placer de disfrutarlo. Y me sentí feliz.

Así que cuando te inviten a una cata, relájate, ve con la consciencia de que vas a pasar un rato agradable, pero no te sientas incómodo con nada de lo que te digan. Si aprendes algo, muy bueno, si no encuentras nada, también. Deja que el susodicho especialista se regodee en su desierto de términos y conceptos, a donde nadie le puede alcanzar, mientras tú, con los pies en la tierra y el vino en la garganta, disfrutas del momento: El vino es eso, disfrute. Quieres aprender sobre vinos y gastronomía de manera gratuita, suscríbete gratis en la comunidad www.soyvino.com

EL Thanksgiving Parade Chicago 2014


Esta celebración es increíble...
Aunque yo no aguanté mucho, jajaja

"El Thanksgiving Parade Chicago 2014"

Estoy ahora en la ciudad de los vientos. La temperatura está 10° por debajo de 0°; pero la energía de la gente y el ánimo de celebración de los americanos, hace que te olvides del frío intenso y te dejes arrastrar por un aura de felicidad deliciosa. Todo el mundo te sonríe en las calles y es reconfortante escuchar a cada momento la cálida voz de alguien que te premia con un cariñoso "Happy thanksgiving day"... Feliz día de acción de gracias

Ahora ¿dónde lo voy a celebrar con mi esposa?
Creo que cenaré pavo y puré en un tradicional restaurante llamado Lawry's The Prime Rib, Chicago... Ya les contaré, bueno, si el frío no me mata antes.

¿EL TRUCO del Cuchillo?

¿Conocías este truco?

Truco para desvararte en la cocina.
"AFILA el cuchillo"
Inténtalo con cuidado, es muy fácil, quedarás con la boca abierta.

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"Una SORPRESA tras otra... Un regalo tras otro"

¿Más mañé que frisoles con vino?


El fermentado jugo de la uva no es solo para momentos especiales. 
Es perfecta compañía para nuestra típica cocina colombiana.
Por TULIO ZULOAGA

¿De dónde viene la morcilla? 
–“Eso es nuestro, de Envigado", suelen responder. Mis queridos amigos quiero contarles que Platón en La antigua Grecia, reconocía a Aftónitas como el creador de esta preparación, entonces ¿por qué no podemos maridarla con tranquilidad?

Este tema se ha convertido en recurrente, en especial ahora que el mundo del vino ha entrado con fuerza en nuestro medio e importadores y especialistas no encuentran cómo dar la puntada final: Convencer al comensal colombiano que va bien con todo y con todo se lleva bien. Porque si de crear cultura se trata hay que luchar para que se comprenda que el fermentado jugo de la uva no es exclusivo de momentos especiales. Es perfecta compañía para nuestras recetas raizales, parentales, típicas y caseras. El sueño es lograr que en cada mesa haya una botella de vino acompañando lo servido. Tal como sucede en países de Europa y América. Para ellos tiene una connotación diferente: El vino es considerado alimento. Pero para poder hablar de vinicultura en Colombia aún falta. Recuerdo las palabras de mi maestro Alvaro Molina: "Voy a creer en esto cuando pase por Sancho Paisa y vea al lado de cada comensal y de  cada plato de frisoles, chorizo o morcilla, una copa de Cabernet; mientras tanto, no es más que moda para algunos y asunto de pedigrí para otros". Tiene razón. Con 1,7 Lts. consumidos por persona al año, estamos lejos de considerarnos siquiera enófilos. Algunos escritores promulgan dejar la cosa así: "No insistir en el maridaje con cocina colombiana. Que el vino es para las comidas de fuera". A estos me dan ganas de caerles al cuello. ¿Cómo los dejan escribir? Pero si creen que solo sale con esa comida, voy a recordarles que muchos de los componentes de nuestra típica gastronomía, y en este caso de la antioqueña, a la que me voy a referir, vienen justamente del extranjero. Somos fusión de culturas, entonces ¿por qué no maridar tranquilamente? Este artículo lo inspira, además de las palabras de estos críticos, las risas de algunos amigos cuando me escuchan pedir: Bandeja paisa y media botella de Merlot. “Que mañé. ¿Pero qué le pasa a este Tulio?” Devuelvo las miradas y les pregunto: ¿De dónde viene la morcilla? –“Eso es nuestro, de Envigado". Mis queridos amigos, quiero contarles que ya Platón en La antigua Grecia reconocía a Aftónitas como el creador de este manjar- Me miran horrorizados: "Qué herejía" -¿De dónde viene la carne y el chicharrón que están en mi bandeja? De Europa. Antes de los españoles no había ganado vacuno ni cerdos en estas tierras. Aquí comíamos manatí, entre otros animales. Tampoco teníamos gallinas, así que el huevo, en cierto modo, viene de allá. ¿Y el chorizo? Español. ¿Y el arroz? De China. ¿Y el plátano? De India. Asustados me miran y preguntan con temor ¿Y los frísoles? Ah, esos si son nuestros, al igual que la arepa. A esto se refiere la fusión de culturas. Ahora ¿Puedo tomar vino con mi bandeja montañera? Todos sonríen y asienten. Así se crea cultura, con consciencia y sin mojigatería. Claro que, lo mejor sería evitar las preguntas y explicaciones. Como lo he dicho cientos de veces: Si a ti te gusta el maridaje de cocina colombiana y vino, eso es suficiente explicación. El gusto es la razón y la única respuesta.

Una foto MÁGICA


El cielo desde mi ventana en el Avión...
Profundo, Inmenso, Eterno
.

Voy camino a mi tierra y Chicago me despide con estos colores, mis colores!!!

La foto es real. Simplemente recorté la estructura del avión a los lados para que se viera un poco más el horizonte y el atardecer. El Resultado: Una foto MÁGICA y un momento inolvidable.

Qué peligro de TIPO

 

¿Serías capaz?
¿Podrías comer de esta manera?

"Vuelve el comelón más comelón de la TV colombiana"...
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A partir del 18 de Noviembre, "COMER para ser FELIZ". Lunes a Viernes, 7 de la noche por Canal Teleantioquia

Comiendo MOJOJOY en el corazón del Amazonas


El comer es un arte democrático, sobre el que cada individuo puede erigir su propio punto de vista. 
Por Tulio Zuloaga
tulio@soyvino.com

Para llegar a ser un buen comensal hay que estar preparado; ser arriesgado, osado y audaz; saberse dispuesto a rebasar los límites sociales y mentales, a probar, a superar el ojo y la imaginación, hasta formarse decisiones gustativas reales, conscientes y muy serias. Mi momento de encuentro y entendimiento, sucedió en un restaurante en Mendoza, Argentina, durante un viaje de profundización en el mundo de los vinos del país gaucho. Dicha experiencia resultó una de las más difíciles, y a la vez esclarecedoras, de mi carrera como comelón. Escogí de una barra de ensaladas lo que supuse era un fresco coliflor en aceite de olivas. Bastó tenerlo en mi boca, para sentir una no planeada y dolorosa revolución: Se trataba de un sabor almizclado, de blanda y grasosa textura, que atacó mis sentidos sin piedad. Se me inyectaron los ojos y palidecí. El dueño del establecimiento, al verme en ese estado, saltó hasta la mesa intentando socorrerme. Ambos pensamos que este comelón acabaría su historia aquí. Cuando logré tragar el motivo de mi terror gustativo solo atine a decir, y con una falta absoluta de prudencia, “Es lo peor que he probado en mi vida”. El sarcástico restaurador sonrió y respondió: “Claro, acaba usted de comer cerebro de vaca en escabeche y no está acostumbrado”. Sentí que las piernas me tambaleaban. Esto no me lo esperaba, menos sin aviso y sin ni la más mínima preparación psicológica. “Hay personas que cruzan el país, e incluso viajan desde otros lugares del mundo a comerlo. Es un manjar para los conocedores”, continuó reprochando ante mi ignorante y estúpida reacción. En ese momento cobraron sentido las palabras de Ferrán Adriá cuando afirmó: “Tardé años en comprender que no hay comidas raras, hay gente rara”. Claro, el paladar es adquirido y, en esa situación, el raro resultaba ser yo. De pequeño obtienes, según los gustos familiares, las relaciones sociales y las disponibilidades alimenticias y geográficas, el apetito por determinados sabores, texturas y aromas. Gracias a mi desconocimiento, había prácticamente insultando al pueblo argentino y a mis anfitriones. Así que me recompuse y continué comiendo lo servido con paciencia y juicio, hasta que los sesos terminaron sabiéndome ya no tan desagradables. Desde ese entonces me reconocí como parte de la gran tribu de depredadores que somos los humanos y me  lancé abiertamente a probar el mundo y sus curiosidades: Escorpiones, culebras, saltamontes, sapos, hormigas, caimanes, erizos, chuchas y todo tipo de roedores de mayor o menor tamaño han pasado por mi mesa. Recientemente, y para ir completando el bizarro menú de mi existencia, tuve que enfrentarme al Mojojoy, uno de los bichos que más emociones encontradas produce en los comensales de todo el planeta. ¿Cómo llegó a mi garganta? Un amigo de la comunidad Ticuna, en el Amazonas, me agasajó con una de estas larvas, considerada una exquisitez por los indígenas de la región. Lo complicado del asunto es que el Mojojoy debe ser comido vivo, mientras se retuerce entre los dedos y los dientes. Esto para mí, y a pesar de mi actual intrepidez gustativa, resultó una confrontación de otro nivel. Luego de pensarlo por algunos instantes, respiré profundo y sin más lo mordí. La sensación fue escalofriante. Lo sentía contorsionándose en mi boca, mientras saboreaba su cuerpo regordete de blancuzcas y cremosas entrañas. ¿Qué si me gustó? Creo que sí. Es un asunto inquietante, como la primera vez que haces el amor. Se mezclan el placer y el temor, se sobrepasan ambos. ¿A qué sabe? Este gusano tiene un marcado gusto a nueces del Brasil y a Aguaje, Canangucha o Moriche, fruto y palma de dónde es extraído. Ahí mismo pensé en el casao perfecto, en la combinación ideal, y con una sonrisa nerviosa le dije a mis compañeros: Que bien iría esto con un blanco, con un Leyda Chardonnay quizás. ¿Vino y oruga? Pensaron que estaba loco; pero no, así funciona ahora mi cabeza. Realmente espero volver a comer uno de estos Mojojoys, acompañado de una copa de buen vino y cubierto con crocante Fariña (como lo comen los lugareños), para demostrar que toda experiencia puede brindar matices increíbles y suponer grandiosos maridajes. ¡¡Salud!!

Encontré "El Fríjol Mágico" que transforma a las personas

 
Te vas a SORPRENDER
No es cuento...
 
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"Una SORPRESA tras otra... Un regalo tras otro"

Es el Cloud Gate de Chicago, más conocido como "El frijol". Una enorme escultura en el Millenium Park. Pesa 110 toneladas y actúa como un espejo curvo gigante...

Gigante CHULETÓN de cerdo


Un CHULETÓN del largo de mi brazo
 
¿por 28mil?

Sin duda alguna, IL Massimo Ristorante Italiano es uno de los mejores restaurantes italianos que he conocido en estas tierras. Comí con el corazón, y me alegré profundamente al descubrir que había puesto mis deseos y esperanzas gastronómicas en las manos indicadas. Este lugar realmente me cautivó, me sacó aplausos de emoción. Massimo Vespero, su dueño, me llevó a conocer el sur de Italia sin levantarme de la mesa.

Escucharlo hablar sobre su comida es un espectáculo...
Sin lugar a dudas, es un cocinero que ama la vida, y esa vida es su cocina, "lo único en lo que cree". Se nota en el brillo feliz de sus ojos y en la seriedad con que se refiere a su restaurante. Un hombre así es capaz de cocinar el cielo. Todo fue perfecto.

IL MASSIMO
tel: (034) 366-7226
Calle 10B # 36 - 20
Medellín

¡¡¡COCINERO... Apasionado!!!


"Mi trabajo es convertir los ingredientes en poesía, para engordar tu corazón"
 
TULIO Recomienda

Hoy he vuelto a usar la casaca de mi escuela, "La Mariano Moreno", para escoger a los mejores cocineros de carne de cerdo del país, al lado de Federico Trujillo, Juanita Umaña y Daniel Riveros.

Que gane el mejor... Aquel que con su receta nos toque y transforme.

Una HOJUELA con todo

Esto te va a encantar
 
¿Habías visto esto?
 
¿Una HOJUELA con todo?

"Es como una Bandeja Paisa... pero dulce"

Tienes que ir aprobarla. Compártelo con tus amigos e invítalos a dar ME GUSTA a la página de TULIO Recomienda...
"Una SORPRESA tras otra... Un regalo tras otro"

New York EATALY


Comiendo por el mundo...
 
TULIO Recomienda en "Eataly" New York

En este corto video podrás conocer uno de los lugares más alucinantes: Eataly NYC. Un gigantesco y curioso mercado y comedero italiano, en donde todo es preparado con las técnicas y los sabores tradicionales que solo la "nonna" y la "mamma", son capaces de lograr. Un pedazo de Italia en el nuevo mundo.

Eataly
tel: +1 212-229-2560
200 5th Ave
Nueva York

Estas MUJERES y sus POLLOS... Le COQ


Estas MUJERES y sus POLLOS... me volvieron LOCO
"Por eso las mordí con suavidad; profundamente y con ganas"

El Domingo pasado me escribió Laura Castro, la afamada cocinera de Le Coq Rosticería, para enviarme a casa un regalo: "Quiero que TULIO Recomienda conozca lo que estamos haciendo aquí", decía en el chat. Una vez superada la pena, le envié la dirección y me olvidé del asunto.

Un rato más tarde reposaban sobre mi mesa unas hermosas cajitas de cartón de todos los tamaños, repletas de leyendas, tarjetas y bien amarraditas. "Esto no lo había visto antes en un servicio a domicilio", le dije a mi esposa.

Abrí la primera, como si se tratara de un tesoro, mientras mi familia miraba con curiosidad. Solo fue levantar la tapa, para que un sedoso aroma a Romero abrazara a los presentes.
-Qué hay ahí papá? preguntó mi hijo menor, desesperado por el ataque aromático que esta primera caja había dejado escapar.
-Unas papas corozo, respondí, mientras depositaba una en mi boca.
Sal gruesa, aceite, ajo y romero, esa fue la lectura que hicieron mis agradecidas papilas tras el primer mordisco... y todos se abalanzaron sobre el desvalido baulito de cartón, que en 2 segundos, había perdió su papudo tesoro.

"La siguiente, la siguiente", gritaban interesados, mientras yo iba soltando las cuerditas. "Esto se nos convirtió en un juego", pensé divertido. Una luz salió del siguiente cofre, provenía del fresco brillo de un mezclum de lechugas sobre las cuales reposaban unas curiosas bolas de queso azul amasadas con más queso crema, cebollín picado y envueltas en maní y ajonjolí triturado. 
-"Qué cosa más sabrosa", atiné a decir mientras aplastaba con mi lengua las cremosas y gustosas esferas. Regadas por allí, algunas nueces caramelizadas con trozos de tomate, uvas y más lechugas orgánicas.

"La siguiente, la siguiente", se volvió ritual el grito y la exigencia. A estas alturas estaban todos desesperados por hincar sus dientes en lo que saliera de aquellas arcas de cartón. Síntoma que la calidad y la emoción, al igual que el sabor, iban en franco aumento. Al levantar la tapa del estuche principal, la fragancia cítrica y limonuda nos elevó del suelo. Se hizo un gran silencio y los ojos de todos se clavaron en mis manos, que ya sostenían un dorado y robusto muslo.
-"De seguro se trata del ilustre pollo Europa que ha arrancado elogios a los más agudos críticos del país". 

Cerré los ojos y mordí con suavidad; profundamente, con ganas; permitiendo que el ácido y la fragante flor de lavanda envolvieran mi boca y mi corazón. Pequeñas explosiones empezaron a suceder, y brotaban, tras cada dentellada, suspiros a tomillo, limón, albahaca y ajo 
-"¿Qué es esto? ¿Quién fue capaz de concebir semejante universo de emociones en el tan pequeño cuerpo de un pollo?"; eso me repetía una y otra vez, mientras veía desaparecer las jugosas presas tras las caras de gusto de mis familiares. 
-"Qué obra culinaria tan conmovedora", debo agregar.

Para terminar, el pan de maíz de Laura... Ese pan de maíz por el que cualquier hombre entregaría su reino y partiría lleno de gozosa felicidad, sintiéndose premiado con tan significativo amasijo.

Bravo, LE COQ!!!
Bravo Laura Castro y Pilar Velilla!!! 
Y gracias por regalarme toda esta inspiración.

DOMICILIOS Le Coq
tel: (034) 444-3397

La COCINA es un espacio de PAZ y no de GUERRA


Por TULIO Recomienda

Soy un tipo alegre por naturaleza; pero llevo unas semanas con un nudo en el corazón. Toda esta situación, toda esta peleadera, toda esta criticadera me tienen aburrido y desorientado. No entiendo el por qué algunos de nuestros cocineros, periodistas y amigos del sector han dedicado sus muros y sus valiosas columnas a destrozar, criticar, apabullar y despotricar contra todo y contra todos. Si un joven chef triunfa, se le muele; si hay buena inversión en un local, "ahí hay plata mala"; si a un restaurante le hacen fila, "es porque los colombianos no tenemos gusto"; si un bloggero vive de su trabajo, "es un vendido"; si alguien hace una feria o una semana gastronómica, se le desprestigia; si unos restaurantes reciben un premio, "eso todo es pagado". Nada hay bueno ya. Cualquier triunfo genera tremendas suspicacias.

¿Todo esto es por qué? ¿De dónde nos ha salido tanto resentimiento? Quizás no soy nadie para insinuarlo; pero deberían utilizar sus espacios, tiempos y energías a impulsar la revolución gastronómica que todos añoramos; a promover la unidad y a demostrar que la cocina es un universo de paz y profunda democracia. TODOS tienen derecho. La cocina nos pertenece a todos y, como acto propio del ser humano, significa LIBERTAD. Nadie tiene que ser juzgado por crear, expresar o cocinar como sus sentimientos lo demanden. Nadie tendría que ser atacado por apropiarse de lo que es suyo por herencia, derecho y decisión.

¿En qué momento la cocina perdió ese sentido de unidad? ¿En qué momento cambiamos los condimentos por afiladas y dañinas plumas cargadas de ironía y contrariedad? ¿Cómo es posible que en un país donde la guerra nos ha robado tanto, esa misma guerra haya terminado convertida en el ingrediente primario con el que cocinamos ahora nuestros escritos? Luego justificamos los ataques auto nombrándonos y creyéndonos "guardianes y defensores de la cultura culinaria" ¿Quién nos entregó semejante título? Aquí no hay nada que defender, aquí hay que comunicar, compartir e instruir con cariño y seriedad; luchar por atraer a las nuevas generaciones para que mañana la cocina sea el anhelado y tibio abrazo que UNA al pueblo colombiano.

Con la crítica pública no se enseña nada. Con la crítica dolorosa no se cambia nada. Lo único que se logra es ahondar en problemáticas, odios y diferencias; lo único que se logra es ahuyentar a los que quieren aprender, crecer, trabajar y ser más felices. Porque la cocina es eso, ¿lo recuerdan? La cocina es FELICIDAD, y por ende, no hay espacio en ella para la guerra".

JUAN PABLO VALENCIA, Suegra
“Estoy en sintonía con Tulio. Es suficiente con el vaivén de dardos envenenados de nuestro Congreso, para que el mundo gastronómico se empiece a parecer a ese espectáculo de egos ¿Qué característica esencial debe tener un Chef? Pasión y tolerancia a la crítica”

ALVARO MOLINA, Casa Molina
“Me uno al sentimiento de mi amigo Tulio. Ha sido imposible juntarnos a trabajar por un mismo ideal. Asumo lo que me toca de su imploración por la paz y la unión. Creo que la crítica y el debate son necesarios, pero siento que debe ser elegante, con argumentos, libre de presiones y de intereses económicos o personales”

FEDERICO TRUJILLO, Sushi Light

Vivimos más pendientes de lo que hacen los otros. La clientela va donde les gusta. No vinimos a enseñar a comer, vinimos a servir lo que la gente quiere comer.

El INGREDIENTE Secreto


Es la energía del Cocinero
Por TULIO Recomienda

Es realmente al cocinero al que te comes tras cada bocado

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Hace 8 años llegué al mundo de las cocinas. Desde el primer momento quedé irremediablemente prendado de este universo, el de los apetitos y sus aromas. Un imperio regido por masas, grasas, ajos y tomates; sus jugos y pieles; sus texturas, colores y gustos me invitaron a conocer la verdadera felicidad. La cocina te excita, te eleva, te hace uno con Dios.

¿Existe algo más armónico, romántico y erótico que el arte de moldear el fuego para convertirlo en alimento? Nada se le compara. Esta es la raíz de mi fascinación: Comprender que al sentarte a la mesa lo importante no es “lo que ves”, lo verdaderamente importante es “lo que NO ves”. Más allá de carnes, vegetales y tubérculos; más allá de lo SI puedes ver, tocar y comer, existe un ingrediente invisible, sutil y etéreo: La energía de quien cocina.

Antes nadie le ponía atención a esto y señalábamos de “fantasiosas” a las cocineras que encontraban poesía donde los demás veíamos simple y mundana comida. Ahora entendemos un poco esa carga poética que tiene el acto de asar, cocer y freir. Hemos aceptado que esa comida alimenta algo más que el cuerpo, una divina relación.

Esta es mi teoría: “Es realmente al cocinero al que te comes tras cada bocado”. En eso radica la diferencia entre un maestro de los fogones y un cocinero de moda o necesidad. Con el primero te comprometes irremediablemente, mientras al otro lo olvidas de inmediato. Lo comprendí desde el principio de esta aventura y es lo que me ha hecho un crítico tan libre: no me centro en las presentaciones o técnicas ideales. Mi abuelita no sabía nada de eso y era la mejor cocinera. A mí me mueve la emoción, el sentimiento. Ese algo singular, esa fuerza que me ata profundamente a lo que me estoy comiendo y a su creador. Por eso trato de revelar, más que la ciencia, las intenciones y el espíritu de quien cocina, a través de cada bocado que doy.

¿Qué cocineros me han abrazado con este inusitado bienestar? Muchos, por fortuna. Cada uno tiene su lenguaje y lo expresa de manera particular. Estos son algunos culpables de hermosos éxtasis culinarios en Medellín. Han logrado que mi espíritu quede enredado en sus preparaciones para siempre:

Susana Rivera de Sr Sirirí, me ha enternecido profundamente con sus inventos e interpretaciones gastronómicas. Ella todo lo hace diferente, pero cuando como en su restaurante, salgo con renovadas energías. Su cocina es Amor. Otro que me encanta es Gabriel Gómez de Kartta, un excitante artista de los fogones. Nunca sé con qué va a salir, pero mis gustos están seguros en sus manos. Su cualidad es la innovación. Un joven que me dejó con la boca abierta desde el primer día que lo conocí , Juan Manuel Barrientos de El Cielo. Me enseñó que la cocina es algo más y que el acto del comer es un arte tan importante como el del buen cocinar. Este chef es magia pura. Claro, mi amigo y mentor Alvaro Molina de Casa Molina, maestro de maestros. Con sus honestas preparaciones me ha mostrado un justo camino gastronómico, inspirándome a descubrir quién soy y para donde voy. Para mí es el cocinero del encuentro y unidad. Y por último, un joven por el que me derrito de amor culinario, Juan Pablo Valencia de Suegra, uno de los cocineros que más me ha emocionado en esta carrera de comelón. Desde que conocí su comida en Mystique quedé irremediablemente prendado de él, de su sensibilidad, de la extraordinaria persona que es. Ahora en su etapa “criolla” me ha arrancado más aplausos de admiración. Su cocina es pasión y sabiduría.


Como ellos, muchos otros me han regalado esperanza culinaria: Fedrico Trujillo de SUSHI LIGHT, Miguel y Rossie de BUPOS, Oscar de RIO Y MAR, Juan Pablo de ZETA, Juan Fernando de BRUNO,  Juan de BUENA MAR, Cristina de MALEVO, Alejandro de THE POT, Pedro de EL COVACHO y muchos otros como ENTRE MADEROS, SANCHO PAISA, CARMEN y QUEAREPARAENAMORARTE, han convertido mi vida en una hermosa fiesta alrededor de los saberes del SABOR y me han regalado gran felicidad. Son muchos más, y me encantaría agradecerles en estas líneas, pero ya saben ustedes, el espacio es corto y el tiempo es un tirano.

BRASAS PARRILLA BAR



Debo empezar contando que me he demorado mucho en hablar sobre este espléndido restaurante. La verdad... no encontraba palabras dignas ni suficientes para relatar el fascinante momento del que fui testigo en el Restaurante BRASAS PARRILLA BAR de Medellín. Se sorprenderán: "¿En una parrilla experimentaste tal epifanía?". Sí, pero no se trata solo de carne, el asunto es mucho más profundo... Literalmente BRASAS me enloqueció, me sedujo, me llenó de la más tibia felicidad. La energía contenida en la comida de este lugar me devolvió la fe, alimentó mi cuerpo y mi espíritu, me elevó. En estos instantes y mientras doy rienda suelta a mi pluma, regreso a la escena y a la cena: Carpaccios perfectamente concebidos, cortes bien asados y servidos, frescos acompañantes, cremosos dulces, -ingredientes de otro mundo, diría yo-; y como sustancia suprema de toda esta sabia experiencia, el cariño con que Dario Garcéz y su equipo abrazaron mis sentidos una y otra vez. ¿Comprenden mi impotencia? ¿Cómo expresar en palabras aquello que se refiere a los sentimientos más íntimos y familiares; a ese lenguaje sutil con el que el que el cocinero se comunica y hace suyo al comensal? BRASAS supera con creces el desafío que tiene todo buen restaurante, aquél que supone que más allá del comer, existe la esperanza de alcanzar un momento de felicidad para quien cocina y para quien come... Y créanmelo, en BRASAS fui feliz, como resultado inequívoco de la felicidad conque Darío cocinó para mí.
tel: (034) 266-6144
Medellín

DESCUBRIENDO EL SABOR DE MI ESPIRITU



A los colombianos nos avergüenza nuestra cocina.
Por TULIO ZULOAGA

En días pasados tuve la oportunidad de visitar la Península de Yucatán y conocer parte de su gastronomía. Tremenda lección la que me dieron los Mexicanos. El apropiamiento y honesto orgullo que sienten por aquello que se asa, cuece y amasa en esas tierras es lo que ha hecho grande su cultura y su patria. Se trata más de un asunto espiritual que de simple física. Algo así debería suceder en Colombia. Aceptar que para evolucionar en este tema se debe mirar hacia dentro. Entender que la respuesta está en los fogones de los ancestros y no en las manos de las estrellas culinarias del extranjero ¿Cuándo vamos a entenderlo? Los modelos a seguir deberían ser los de aquí, no los de allá. Todo cocinero y cada colombiano tendría que saber quiénes son Lácydes Moreno, Sofía Ospina de Navarro, Zaida de Restrepo, Leonor Espinoza, Carlos Yanguas, Carmen Vásquez, Teresita Román de Zurek y Julián Estrada por nombrar solo a algunos; pero no, aquí se habla con orgullo de los logros de Gastón Acurio, Jamie Oliver, Ferrán Adriá y Santi Santamaría. Hoy los jóvenes quieren ser como el francés Alain Ducasse y no como las cocineras del Pacífico ¿Por qué?  Si son ellas quienes sostienen, con sus amasijos y preparaciones, la historia y el carácter de este pueblo. Saben interpretar el sabor de nuestro espíritu. La magia está ahí. La verdadera alquimia vive en sus corazones. Por héroes culinarios tenemos que aplaudir y admirar a nuestras abuelitas, madres y empleadas de casa que con vehemencia, convencimiento, amor  y sabiduría han sabido defender toda una cultura que nosotros nos hemos empeñado en despreciar y descaradamente desconocer. Es verdad. A los colombianos nos da pena nuestra comida. Cuando empecemos a servir en matrimonios, primeras comuniones, navidades y cenas de Fin de Año nuestros tamales, lechonas, frijoles, masatos, arepas, mondongos y ajiacos, entenderemos un poco acerca de ese gozo que disfrutan los comensales peruanos y mexicanos. Nuestra cocina no es menos que la de ellos. Somos nosotros quienes insistimos en verla pequeña y desvalida. Sin ser chovinista, me atrevo a decir que en Colombia podemos encontrar más riquezas en técnicas, ingredientes, sabores y preparaciones que en muchas de las famosas mecas culinarias de la actualidad. Es difícil reconocerlo pues sufrimos de vergüenza histórica y va a ser difícil superarla. Miren no más, cuando recibimos a un visitante de otras latitudes ¿qué es lo primero que le llevamos a comer? Si es español, paella; y si es francés, pretendemos descrestarlo con nuestros crepes. La respuesta: Desilusión para el invitado y para el anfitrión. Para sorprender hay que servir lo propio, en lo que somos especialistas. Hay que ofrecer lo que nos pertenece. Es fácil de entender: ¿Han comido bandeja paisa en Londres, Nueva york o Madrid? Ni en las curvas sabe a la de aquí. Porque el plato más allá de sus ingredientes también es el ambiente, la música, el aire, el olor de la tierra y la mano del oriundo cocinero ¿Por qué no llevamos a nuestros amigos de fuera a comer sancocho, mazamorra o pescao? Creemos que estas preparaciones no están a la altura. Misma razón por la que no las servimos en las fiestas y celebraciones importantes de nuestras vidas. Tremenda desfachatez ¡¡Que tara la que tenemos en la cabeza y el corazón!! Es necesario entender que nunca un chef en Italia, por grandioso que sea, podrá ser el mejor preparando recetas colombianas; así como nosotros tampoco llegaremos a desarrollar la mejor cocina Peruana. Siempre habrá un Iván Kisic que nos ganará en Perú con el verdadero sabor Inca y de exacta manera, existirá un Alvaro Molina que arrasará imbatible con su cocina colombiana al resto del mundo. Cada uno tiene lo suyo. La inteligencia culinaria consiste en reconocerse y saber explotar lo propio para alcanzar el éxito. 

Los culpables de este desconocimiento hemos sido nosotros, los de esta generación. Permitiendo que los jóvenes de nuestra patria crean que para hablar de alta cocina, de sofisticación, de elegancia hay que referirse a Francia, España, Italia o Japón y sus foie gras, fabadas, pastas o arroces.  Para muchos las preparaciones colombianas jamás cabrán dentro de esta categoría a menos que se transforme. Para ser honesto, lo único que hay que transformar es la poca visión que tenemos y la falta de amor propio. Es por eso que a partir de esta edición, empezaré a buscar esos tesoros culinarios que siguen vivos en los rincones de nuestra ciudad demostrando que uno de los aspectos más importantes de la cultura de un pueblo está constituido por las tradiciones culinarias, cuyas características regionales dan origen a una riqueza gastronómica incomparable y a una identidad clara y profunda. Desde hoy me comprometo a impulsar una revolución gastronómica avalada por el corazón y apoyada en cada uno de ustedes. Una evolución hacia dentro y no hacia afuera, como ya lo dije antes. Una revolución que nos lleve a descubrir el verdadero sabor del espíritu colombiano. Lugares como La esquina de la Ricura, la Fondita La Moneda y la repostería Las Palacio empezarán a rondar estas líneas y se convertirán para mí, en verdaderos templos gastronómicos.