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PERÚ... No fue el “plomo” el que los salvó


PERÚ
Un país que cambió su trágica historia desde los fogones e inspiró al mundo

Por TULIO ZULOAGA

Había soñado con ir al Perú muchas veces ¿Por qué? Para cualquiera que trabaje alrededor de los fogones, bien sea cocinando o creando a través de su pluma, como es el caso mío, es destino obligado ¿Porque su comida está de moda? No. Más allá de eso se trata de un proceso de reflexión, de entender a sus nacionales y cómo lograron, unificando ideales, sacar adelante a un país desesperanzado y sumido en la violencia ¿Qué es lo realmente sorprendente de esta historia? Que la mayor transformación sucedió desde las cocinas. Los peruanos le demostraron al mundo que SI se PUEDE, y cocinaron en sus fogones, una verdadera Revolución pacífica sustentada en aquello que cuecen, asan y amasan. Con esta heroica estrategia, nos regalaron suficiente inspiración: “La cocina es un acto de común-unión y a través de ella se logran profundos y duraderos cambios”. No fue el “plomo” el que los salvó, fue aquél verdadero “cacerolazo” pleno de aromas, texturas y sabores típicos de su terruño. Los peruanos miraron hacia dentro y descubrieron que la respuesta estaba en el respeto y rescate de su tradición culinaria; en el aprovechamiento de ese estilo de cocina único y sabroso en el que nadie les podría superar. Y alcanzaron la gloria.

¿Qué nos hace falta a nosotros los colombianos para darnos cuenta de lo mismo? ¿Cuándo vamos a interesarnos por nuestros sabores, técnicas y preparaciones? ¿Cuándo vamos a aceptar que es más importante y tiene mayor significado para nosotros el “agua e panela” que el tan endiosado vino del que tanto queremos aprender hoy? No estoy hablando de mejor ni peor, estoy hablando de importancia histórica propia. Primero lo primero, a eso me refiero.

Pues bien, eso me sorprendió y mucho. En todos los restaurantes, desde el más humilde hasta el más costoso y elegante, lo primero que te ofrecen para tomar es su “Chicha Morada” y después su “Pisco Sour” y, mejor aún, todos los comensales las piden. Sería el equivalente a que te ofrecieran en los restaurantes más lujosos de Colombia, una buena “Agua e panela” ¿Será posible eso? ¿Llegará ese día? Pero el problema no es de los restaurantes, el problema es de nosotros. Si la pedimos, ellos con seguridad la servirán. Solo nosotros podemos cambiar esta historia.

Gastronomía en fotos: 
1. La chicha Morada es una bebida tradicional peruana, prehispánica, preparada por los antiguos Incas, resultado de hervir maíz morado con cáscara de piña y trozos de membrillo. Luego se le adiciona canela y clavo de olor; se cuela, se enfría y se agrega azúcar y un toque de limón. Es deliciosa y se parece mucho a la Agua e Panela.

2. El Pisco Sour es un coctel preparado con Pisco (un aguardiente de uva), con limón, jarabe de goma, clara de huevo, hielo y una gota de amargo de Angostura.

3. Las canchitas son granos de maíz tostado, infaltables en las mesas y en el seviche peruano.

4. Tamales y cocinera tradicional a la entrada de la plaza de Surquillo.

Qué peligro de TIPO

 

¿Serías capaz?
¿Podrías comer de esta manera?

"Vuelve el comelón más comelón de la TV colombiana"...
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A partir del 18 de Noviembre, "COMER para ser FELIZ". Lunes a Viernes, 7 de la noche por Canal Teleantioquia

Comiendo MOJOJOY en el corazón del Amazonas


El comer es un arte democrático, sobre el que cada individuo puede erigir su propio punto de vista. 
Por Tulio Zuloaga
tulio@soyvino.com

Para llegar a ser un buen comensal hay que estar preparado; ser arriesgado, osado y audaz; saberse dispuesto a rebasar los límites sociales y mentales, a probar, a superar el ojo y la imaginación, hasta formarse decisiones gustativas reales, conscientes y muy serias. Mi momento de encuentro y entendimiento, sucedió en un restaurante en Mendoza, Argentina, durante un viaje de profundización en el mundo de los vinos del país gaucho. Dicha experiencia resultó una de las más difíciles, y a la vez esclarecedoras, de mi carrera como comelón. Escogí de una barra de ensaladas lo que supuse era un fresco coliflor en aceite de olivas. Bastó tenerlo en mi boca, para sentir una no planeada y dolorosa revolución: Se trataba de un sabor almizclado, de blanda y grasosa textura, que atacó mis sentidos sin piedad. Se me inyectaron los ojos y palidecí. El dueño del establecimiento, al verme en ese estado, saltó hasta la mesa intentando socorrerme. Ambos pensamos que este comelón acabaría su historia aquí. Cuando logré tragar el motivo de mi terror gustativo solo atine a decir, y con una falta absoluta de prudencia, “Es lo peor que he probado en mi vida”. El sarcástico restaurador sonrió y respondió: “Claro, acaba usted de comer cerebro de vaca en escabeche y no está acostumbrado”. Sentí que las piernas me tambaleaban. Esto no me lo esperaba, menos sin aviso y sin ni la más mínima preparación psicológica. “Hay personas que cruzan el país, e incluso viajan desde otros lugares del mundo a comerlo. Es un manjar para los conocedores”, continuó reprochando ante mi ignorante y estúpida reacción. En ese momento cobraron sentido las palabras de Ferrán Adriá cuando afirmó: “Tardé años en comprender que no hay comidas raras, hay gente rara”. Claro, el paladar es adquirido y, en esa situación, el raro resultaba ser yo. De pequeño obtienes, según los gustos familiares, las relaciones sociales y las disponibilidades alimenticias y geográficas, el apetito por determinados sabores, texturas y aromas. Gracias a mi desconocimiento, había prácticamente insultando al pueblo argentino y a mis anfitriones. Así que me recompuse y continué comiendo lo servido con paciencia y juicio, hasta que los sesos terminaron sabiéndome ya no tan desagradables. Desde ese entonces me reconocí como parte de la gran tribu de depredadores que somos los humanos y me  lancé abiertamente a probar el mundo y sus curiosidades: Escorpiones, culebras, saltamontes, sapos, hormigas, caimanes, erizos, chuchas y todo tipo de roedores de mayor o menor tamaño han pasado por mi mesa. Recientemente, y para ir completando el bizarro menú de mi existencia, tuve que enfrentarme al Mojojoy, uno de los bichos que más emociones encontradas produce en los comensales de todo el planeta. ¿Cómo llegó a mi garganta? Un amigo de la comunidad Ticuna, en el Amazonas, me agasajó con una de estas larvas, considerada una exquisitez por los indígenas de la región. Lo complicado del asunto es que el Mojojoy debe ser comido vivo, mientras se retuerce entre los dedos y los dientes. Esto para mí, y a pesar de mi actual intrepidez gustativa, resultó una confrontación de otro nivel. Luego de pensarlo por algunos instantes, respiré profundo y sin más lo mordí. La sensación fue escalofriante. Lo sentía contorsionándose en mi boca, mientras saboreaba su cuerpo regordete de blancuzcas y cremosas entrañas. ¿Qué si me gustó? Creo que sí. Es un asunto inquietante, como la primera vez que haces el amor. Se mezclan el placer y el temor, se sobrepasan ambos. ¿A qué sabe? Este gusano tiene un marcado gusto a nueces del Brasil y a Aguaje, Canangucha o Moriche, fruto y palma de dónde es extraído. Ahí mismo pensé en el casao perfecto, en la combinación ideal, y con una sonrisa nerviosa le dije a mis compañeros: Que bien iría esto con un blanco, con un Leyda Chardonnay quizás. ¿Vino y oruga? Pensaron que estaba loco; pero no, así funciona ahora mi cabeza. Realmente espero volver a comer uno de estos Mojojoys, acompañado de una copa de buen vino y cubierto con crocante Fariña (como lo comen los lugareños), para demostrar que toda experiencia puede brindar matices increíbles y suponer grandiosos maridajes. ¡¡Salud!!

La MANO de DIOS

 
Hace unos días tuve la oportunidad de conocer este pequeño restaurante... Ahora puedo decir que me siento agradecido, feliz de haber depositado mis deseos y gustos en las manos de estos jóvenes y arriesgados cocineros. Les vi fatigar las parrillas con entrega; rendirles culto con extraordinarios cortes de carne; gruesos, jugosos, abundantes en sabor!!!

¿Qué comí?
 
Empanadas criollas cordobesas de carne a cuchillo, un equilibrado Choripan, una Provoleta con aceite de Oliva, una Milanesa a la Napolitana y un grandioso trozo de Lomo Fino bañano en mantequilla y especias... Un lujo para el paladar y el corazón.
Que sabroso ser servido y tocado... por La Mano de Dios.

tel (034) 386-1301
Indiana Mall
Medellín.

El Restaurante KENKA


El Restaurante KENKA, en East Village, NY, es un delicioso reto a los sentidos. Todo en este lugar te lleva a los tradicionales sectores gastronómicos de Tokio. La música, la decoración, la carta y hasta quienes atienden son parte de esta cultura. La idea es sumergirse, aceptar, disfrutar. La tarea: sobrepasar la imaginación... descubrir los nuevos y complejos sabores y texturas que la cocina de Japón tiene para ofrecer. Y una frase importante de Adriá para este caso: "No hay comidas raras, hay gente rara"... Sígueme en www.soyvino.com

KENKA
25 St Marks Pl, New York, NY