Este
Solomito fusión del Restaurante ORVIETTO en Medellín es aromático y delicioso.
Trozos gruesos de la más tierna carne... se deshace en la boca. Este plato
habla de la personalidad aventurera y creativa de su chef José Guevara, muy
bien por
él que sabe hablar a través de lo que sirve a la mesa. Un interior rosado y
brillante, muestra la sabía cocción que ha recibido... Y la salsa... ¡Qué
diversión para los sentidos! Una reducción de balsámico, vino tinto, miel y
Estragón. Nada está oculto, puedes separar cada sabor y jugar a ser todo un
Gourmand. Fácil de entender y comer, ese es uno de los grandes secretos de la
buena cocina. El Restaurante ORVIETTO está en el segundo piso del HOTEL BELFORT
Medellín. VALOR: $ 26.900. ¡Lo tienes que probar! Y el Puré es de locos. Muy
bien Chef, muy bien.
Este Solomito fusión del Restaurante ORVIETTO
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NO TODO ES VINO
Una cerveza puede llegar a ser
tan buena como un gran vino…
Por Tulio Zuloaga
tulio@soyvino.com
Los que no toman VINO, y prefieren otras bebidas como la cerveza, no son ni menos cultos, ni menos interesantes, ni menos sensibles que los que si lo toman. ¿Quieres aprender sobre vinos y gastronomía de manera gratuita? Suscríbete en la ESCUELA VIRTUAL del VINO en www.soyvino.com
Soy
un enamorado de los vinos, es verdad, y aunque para mi significan mucho en la
actualidad, no puedo desconocer que en el mundo existen otras bebidas, como la
cerveza, con tanta historia y cultura como el tan endiosado VINO, al cual
incluso, le está ganando la batalla en muchos países. Por eso afirmo y con
profundo respeto, que sus consumidores no son ni menos cultos, ni menos
interesantes, ni menos sensibles que los que tomamos vino. Una buena cerveza,
en el momento y a la temperatura justa “Vale todas las riquezas de la tierra”.
Y que estas palabras cobijen también a quienes prefieren un aguardiente, un
vodka, un tequila, un whisky o un añejo ron. El gusto es la verdad.
¿Por
qué empecé a interesarme por este asunto? Estaba en la sala de juntas de una de
las grandes bodegas y productoras de la ribera del Duero en España, cuando me
expusieron un tema hasta entonces desconocido para mí: El consumo anual de vino
de los españoles viene cayendo de manera vertiginosa y preocupante. Las razones
son muchas y variadas, pero sin duda, una de las más importantes, es el aumento
en el consumo de la cerveza. Como bien lo expresó Malena Fabregat, periodista
especializada del observatorio del vino: “Cada vez veo más jóvenes españoles
que beben cerveza en lugar de vino…”, y lo mismo viene sucediendo en muchos
otros países con arraigada cultura vitivinícola.
Uno
pensaría que se trata de un factor netamente económico o de temporada: Una
caña, como le dicen en España al vasito de cerveza de dispensador, suele ser
más barata que una copa de vino, y más fácil de tomar en las épocas de calor;
pero para algunos especialistas el asunto va más allá. La cuestión también es
de gusto, de calidad, de complejidad. “Una buena cerveza puede brindar
emociones similares a las de un gran vino”, suele afirmar Juan Camilo Salazar
de la cervecería Apóstol. Para no pecar de ignorante, y sabiéndome -como buen
fanático de los vinos-, un poco escéptico, organicé una degustación con algunos
amigos y me dispuse a probar las 5 cervezas que produce esta fabrica
antioqueña.
Destapé
la primera: una dorada Weizen, con mucha espuma. Me sorprendió gratamente.
Luego pasé por la Helles y la Mârzen (todas conservan sus nombres alemanes),
hasta llegar a la Dubbel: Una cerveza roja, intensa; con un buen equilibrio
entre lo dulce y lo amargo, de espuma cremosa y aroma frutal. -¿Pero qué es
esto? ¿Estoy hablando de una cerveza como si se tratara de un complejo vino? Y
solo era el comienzo. Para cuando llegué a la tipo Bock, una lager negra, el
corazón se me quería salir. Acerqué la copa a mi nariz y apareció ante mis
incrédulos sentidos -y perdónenme que deba hablar de esta manera tan subjetiva
que tanto critico-, un aroma intenso a chocolate, a caramelo, a café tostado.
Juan Camilo, tenía toda la razón. En ese momento reafirmé lo tantas veces
dicho: En el mundo de los sentidos, por el que tanto abogo en mis escritos,
nadie tiene la última palabra, y este tipo de productos artesanales, bien
concebidos y magistralmente producidos, juegan un papel fundamental en nuestro
crecimiento cultural. No todo es vino. Lo importante es, y tomo prestadas las
palabras del periodista Juan Felipe Quintero, “que en el mundo de los vinos y las
bebidas, seamos lo más infieles posible”, para que nuestros sentidos tengan la
oportunidad de descubrir sabores, texturas, colores y aromas que les permitan
viajar a nuevos y lejanos lugares del corazón sin necesidad de moverse de la
mesa. Es cierto, debo concluir, una buena cerveza nada tiene que envidiarle a
un gran vino, y nuevamente estas palabras cobijan también a quienes prefieren
un aguardiente, un vodka, un tequila, un whisky o un añejo ron. ¿Quieres
aprender sobre vinos y gastronomía de manera gratuita? Suscríbete en la ESCUELA
VIRTUAL del VINO en www.soyvino.com
En el VINO está la Verdad
El vino y la comida son para acercarse a la vida, no para huir de ella.
Por Tulio Zuloaga
tulio@soyvino.com
"IN VINO VERITAS". Las famosas palabras
del filósofo Platon en su "Banquete", describen a la perfección las
ideas y palabras que hoy quiero compartirles. Así cómo el filósofo concluyó que
"en el vino está la verdad", yo comprendí, que en la comida está el
amor.
Muchos me preguntan la razón por la cuál
escribo tanto sobre vinos y gastronomía. Esta es la respuesta: Ambas
culturas me han salvado la vida una y otra vez. El Vino, bien y moderadamente
tomado, hace mucho por los seres humanos, en especial por los borrachitos; y la
buena mesa, cuando se han alcanzado los debidos niveles de consciencia y
disfrute, nos brinda la oportunidad de ser felices. Sé que a algunos les
parecerán exagerados mis planteamientos, a mi también me lo parecían, hasta que
descubrí que gracias al desarrollo y aprovechamiento de los sentidos todo
hombre y toda mujer logran comprender el prodigio de la existencia. Otros
asegurarán que estoy loco, "que sólo el amor es suficiente dicha".
Compartí esta idea durante mucho tiempo, hasta que interioricé unas palabras de
Gabriel García Márquez con las cuales pude darme cuenta que la cosa no era tan
sencilla: “El amor es tan importante como la comida, pero no alimenta".
Claro, la decisión de creer o no es absolutamente personal e incuestionable.
Por mi parte he decidido asimilar este universo a través del gozo y existir
bajo una de las conclusiones más significativas que he escuchado, fue planteada
por Einstein: “Solo hay dos formas de vivir: Una es como si nada fuera un
milagro, otra es como si todo fuera un milagro”. Yo, Tulio Zuloaga, encontré en
los vinos y en la gastronomía, mi propio milagro.
EL VINO. Hoy no voy a hacer
énfasis en los múltiples y ya comprobados beneficios que ofrece para la salud. Me
voy a referir a un hecho tan mágico como la bebida misma: Cuando uno aprende a
tomar y a disfrutar una copa del jugo fermentado de la uva, jamás se vuelve a
emborrachar. Dicen quienes conocen del asunto que el efecto que produce es de
sana euforia, de alegría, de introspección, creatividad y romanticismo. El
mismo Beethoven lo reconoció así: “El vino es la musa que inspira nuevos
procesos generativos en uno”, ¿Quien si no él para hablar de inspiración? En
cambio otras bebidas pueden generar efectos adversos, depresivos, logrando
sacar a la luz lo peor de un individuo. No pretendo ser mojigato y admito que
ni todos somos iguales, ni reaccionamos de exacta manera. En lo que puedo
pontificar es que si uno se embriaga, no se debe primordialmente al contenido de
alcohol de un determinado brebaje, se debe a que todavía no se ha aprendido a
disfrutar. Por eso encuentro tanta razón en las palabras del filósofo y medico
persa Avicena: "Un buen vino empuja al estúpido hacia las tinieblas y guía
al sabio hacia Dios". Eso es lo que pasa. En ocasiones me recreo haciendo
cuentas en alguna fiesta. Los amigos beben 5 o 6 tragos de cualquier licor a la
misma velocidad que yo he bebido apenas un pequeño sorbo de mi copa. Reconozco
para qué sirve: El vino es para jugar, para acercarse a la vida, no para huir
de ella. Lo muevo, lo miro, lo respiro, lo mastico. Con lo cual estoy diciendo
que 2 o 3 copas me alcanzan para toda una noche, me divierto al máximo sin
dejar de ser yo. Por eso reconozco que el vino me salvó. Dejé de abusar de los
licores y me convertí en un ser lúcido, ajeno a los excesos. Ahí está el
secreto.
LA GASTRONOMÍA. Me pasó igual
con la comida. De estar obsesionado con ella, me conquisté como sibarita de
atentas percepciones. Esa resultó ser la mejor dieta, y la razón por la que
perdí más de 8 kilos en pocos meses. Aprendí que no se trata de comer para
llenar los vacíos del estómago y del corazón, y que el secreto está en la
seriedad y el interés que se brinda a aquello que es servido a la mesa. Cada
bocado debe alimentar cuerpo y espíritu de lo contrario, es igual que comer
airé, así sea en el mejor restaurante del mundo. La buena comida tiene dos
actores fundamentales para conseguir ser formidable, sensible y real: Es tan
importante el que come, como el que cocina. Soy yo como comensal quien da
sentido a cualquier obra culinaria. El que sabe comer, encuentra la felicidad
hasta en un humilde buñuelo, por el contrario, quien se niega a ser consciente,
jamás lograra disfrutar nada, ni el mejor plato, ni la vida, ni el amor. Si los
sentidos no son explotados al máximo, nada tendrá valor. El buen disfrute hace
la diferencia y eso debe ser reconocido y juiciosamente aceptado. Me despido
con una reflexión del filósofo griego Epicuro: “No existe una vida placentera sin
que sea sensata, recta y justamente vivida, ni se puede vivir sensata, recta y
justamente sin el placer. Quien no tiene tal criterio, no puede vivir
gozosamente”. ¡¡Salud!!
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