LOMO BIZARRO en CASA Bizarra, Bogotá.
LOMO BIZARRO en CASA Bizarra, Bogotá. Dos jugosos medallones rellenos de queso Paipa y jalapeños con aire de suero costeño y puré de plátano y butifarra. VALOR $28.500. tel: (031) 542-4884
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Este Solomito fusión del Restaurante ORVIETTO
Este
Solomito fusión del Restaurante ORVIETTO en Medellín es aromático y delicioso.
Trozos gruesos de la más tierna carne... se deshace en la boca. Este plato
habla de la personalidad aventurera y creativa de su chef José Guevara, muy
bien por
él que sabe hablar a través de lo que sirve a la mesa. Un interior rosado y
brillante, muestra la sabía cocción que ha recibido... Y la salsa... ¡Qué
diversión para los sentidos! Una reducción de balsámico, vino tinto, miel y
Estragón. Nada está oculto, puedes separar cada sabor y jugar a ser todo un
Gourmand. Fácil de entender y comer, ese es uno de los grandes secretos de la
buena cocina. El Restaurante ORVIETTO está en el segundo piso del HOTEL BELFORT
Medellín. VALOR: $ 26.900. ¡Lo tienes que probar! Y el Puré es de locos. Muy
bien Chef, muy bien.
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NO TODO ES VINO
Una cerveza puede llegar a ser
tan buena como un gran vino…
Por Tulio Zuloaga
tulio@soyvino.com
Los que no toman VINO, y prefieren otras bebidas como la cerveza, no son ni menos cultos, ni menos interesantes, ni menos sensibles que los que si lo toman. ¿Quieres aprender sobre vinos y gastronomía de manera gratuita? Suscríbete en la ESCUELA VIRTUAL del VINO en www.soyvino.com
Soy
un enamorado de los vinos, es verdad, y aunque para mi significan mucho en la
actualidad, no puedo desconocer que en el mundo existen otras bebidas, como la
cerveza, con tanta historia y cultura como el tan endiosado VINO, al cual
incluso, le está ganando la batalla en muchos países. Por eso afirmo y con
profundo respeto, que sus consumidores no son ni menos cultos, ni menos
interesantes, ni menos sensibles que los que tomamos vino. Una buena cerveza,
en el momento y a la temperatura justa “Vale todas las riquezas de la tierra”.
Y que estas palabras cobijen también a quienes prefieren un aguardiente, un
vodka, un tequila, un whisky o un añejo ron. El gusto es la verdad.
¿Por
qué empecé a interesarme por este asunto? Estaba en la sala de juntas de una de
las grandes bodegas y productoras de la ribera del Duero en España, cuando me
expusieron un tema hasta entonces desconocido para mí: El consumo anual de vino
de los españoles viene cayendo de manera vertiginosa y preocupante. Las razones
son muchas y variadas, pero sin duda, una de las más importantes, es el aumento
en el consumo de la cerveza. Como bien lo expresó Malena Fabregat, periodista
especializada del observatorio del vino: “Cada vez veo más jóvenes españoles
que beben cerveza en lugar de vino…”, y lo mismo viene sucediendo en muchos
otros países con arraigada cultura vitivinícola.
Uno
pensaría que se trata de un factor netamente económico o de temporada: Una
caña, como le dicen en España al vasito de cerveza de dispensador, suele ser
más barata que una copa de vino, y más fácil de tomar en las épocas de calor;
pero para algunos especialistas el asunto va más allá. La cuestión también es
de gusto, de calidad, de complejidad. “Una buena cerveza puede brindar
emociones similares a las de un gran vino”, suele afirmar Juan Camilo Salazar
de la cervecería Apóstol. Para no pecar de ignorante, y sabiéndome -como buen
fanático de los vinos-, un poco escéptico, organicé una degustación con algunos
amigos y me dispuse a probar las 5 cervezas que produce esta fabrica
antioqueña.
Destapé
la primera: una dorada Weizen, con mucha espuma. Me sorprendió gratamente.
Luego pasé por la Helles y la Mârzen (todas conservan sus nombres alemanes),
hasta llegar a la Dubbel: Una cerveza roja, intensa; con un buen equilibrio
entre lo dulce y lo amargo, de espuma cremosa y aroma frutal. -¿Pero qué es
esto? ¿Estoy hablando de una cerveza como si se tratara de un complejo vino? Y
solo era el comienzo. Para cuando llegué a la tipo Bock, una lager negra, el
corazón se me quería salir. Acerqué la copa a mi nariz y apareció ante mis
incrédulos sentidos -y perdónenme que deba hablar de esta manera tan subjetiva
que tanto critico-, un aroma intenso a chocolate, a caramelo, a café tostado.
Juan Camilo, tenía toda la razón. En ese momento reafirmé lo tantas veces
dicho: En el mundo de los sentidos, por el que tanto abogo en mis escritos,
nadie tiene la última palabra, y este tipo de productos artesanales, bien
concebidos y magistralmente producidos, juegan un papel fundamental en nuestro
crecimiento cultural. No todo es vino. Lo importante es, y tomo prestadas las
palabras del periodista Juan Felipe Quintero, “que en el mundo de los vinos y las
bebidas, seamos lo más infieles posible”, para que nuestros sentidos tengan la
oportunidad de descubrir sabores, texturas, colores y aromas que les permitan
viajar a nuevos y lejanos lugares del corazón sin necesidad de moverse de la
mesa. Es cierto, debo concluir, una buena cerveza nada tiene que envidiarle a
un gran vino, y nuevamente estas palabras cobijan también a quienes prefieren
un aguardiente, un vodka, un tequila, un whisky o un añejo ron. ¿Quieres
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